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PIRATAS SAQUEANDO EL OCÉANO AUSTRAL
Greenpeace lleva muchos años denunciando el serio y creciente peligro al que están sometidos todos los océanos del mundo por causa de la sobrexplotación pesquera. Las especies de peces más valiosas desde el punto de vista comercial están siendo sobrexplotadas despiadadamente, a la vez que otras de menor valor, junto a mamíferos, aves, tiburones y tortugas marinas, están siendo innecesariamente aniquiladas al formar parte de las “capturas accidentales”. De acuerdo con la FAO, el 70% de las pesquerías mundiales están ya sobrexplotadas, explotadas al límite, totalmente agotadas o se están recuperando lentamente. A esto hay que sumarle el problema de las enormes cantidades de pescado que desperdician las flotas pesqueras industrializadas, que capturan, matan y descartan posteriormente, una media de unas 27 toneladas de pescado cada año. Esto es equivalente a decir que un cuarto de las capturas anuales de pescado son tiradas por la borda muertas. El caso más claro de sobrepesca y desperdicio es la falta de regulación en el crecimiento del número de barcos pesqueros industrializados de gran tonelaje, capital y tecnología punta que completan la flota pesquera mundial. Debido a su rápido y sobredimensionado crecimiento, las capturas en las áreas más tradicionales de pesca del mundo, han disminuido dramáticamente en los últimos años. Como consecuencia, cada vez más compañías pesqueras están enviando sus flotas industrializadas a la búsqueda de nuevas pesquerías en regiones remotas del planeta. Muchos armadores operan como piratas, enviando a sus tripulaciones a incumplir deliberadamente las leyes internacionales elaboradas para proteger y conservar los stocks pesqueros. Se ha desarrollado una mentalidad de dinero rápido, localizada en áreas no reguladas de los océanos, particularmente en los remotos océanos australes que rodean la Antártida. Una armada de barcos pesqueros industrializados piratas ha invadido el Océano Austral para pescar furtivamente miles de toneladas de bacalao de profundidad. Su nombre científico es Dissostichus eleginoides, pero en los mercados recibe multitud de nombres diferentes. Dado que su precio alcanza elevadas sumas en Japón, USA y Europa, los piratas están dispuestos a asumir el riesgo de ser arrestados y recibir multas por pescar ilegalmente en las aguas que rodean a la Antártida, el cono sur latinoamericano, y las islas sub- antárticas pertenecientes a Suráfrica, Australia y Francia. Se estima que más del 50% del total de bacalao de profundidad capturado que llega a los consumidores - con un valor anual estimado de 500 millones de dólares - es capturado de forma ilegal por palangreros piratas. Los científicos creen que esto se traducirá en la extinción comercial de esta especie en menos de dos años. Los palangreros piratas ignoran todas las leyes, incluyendo las normativas establecidas para prevenir la muerte de aves marinas. Como resultado, las cifras de mortalidad de albatros y petreles en palangres ilegales se eleva a 100.000 aves cada año. Varias especies de albatros se enfrentan a la extinción. No existen controles para gestionar las pesquerías en alta mar y poner punto final a la pesca pirata en el Océano Austral. La mayoría de países carecen de una política adecuada que pueda acabar con este problema. La actuación de las flotas pesqueras ilegales y no reguladas esta minando los intentos de conservación de la biodiversidad de esta región. El fracaso de las naciones para eliminar efectiva y rápidamente la pesca ilegal en el Océano Austral ha llevado a las poblaciones de bacalao de profundidad al borde del colapso. Greenpeace opina que CCAMLR (Convención para la Conservación de los Recursos Marinos de la Antártida) debería declarar y apoyar una moratoria en la pesca de bacalao de profundidad. La moratoria debería durar hasta que las pesquerías ilegales, no reguladas y no declaradas hayan sido eliminadas y se evalúe el stock restante, así como su capacidad para soportar una pesquería comercial, al mismo tiempo que se elaboran regulaciones para gestionar adecuadamente estas pesquerías. La moratoria en la pesca necesita ser apoyada por una prohibición del comercio de bacalao de profundidad, lo que significa que éste sea incluido dentro de los listados de protección de CITES, en el Apéndice I, es decir, que se prohiba su comercio internacional. No existe una solución simple para la pesca ilegal, y el desafío que suponen las vastas y remotas aguas del Océano Austral es desalentador. Aun así, este desafío puede y debe ser aceptado, y CCAMLR debe adoptar un conjunto de medidas para que la pesca pueda continuar en esta región de forma sostenible y bajo un enfoque precautorio. Greenpeace demanda a las naciones, cuyos barcos piratas están pescando en aguas del Océano Austral, una actuación rápida para detener y multar a los propietarios de estos barcos. Las multas por pesca pirata deben ser importantes, incluyendo multas para los armadores y confiscación de los barcos. Los satélites, en manos de varios gobiernos y corporaciones privadas, pueden ser usados para identificar a los barcos que estén pescando ilegalmente, y seguir sus movimientos desde y hacia los puertos. Todos los barcos que naveguen por el Océano Austral deben llevar obligatoriamente sistemas de monitorización. Todos los países deben prohibir a los barcos pesqueros ilegales y a los barcos sin sistemas de monitorización utilizar los puertos. Todos los países deben prohibir la importación de bacalao de profundidad
capturado ilegalmente. Los restaurantes y otros minoristas deben abandonar
su venta, y los consumidores no deben comprarlo. Si los piratas no pueden
vender el pescado, no lo capturarán.
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