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LA ANTÁRTIDA Y LA BIODIVERSIDAD DEL OCÉANO AUSTRAL
El océano que rodea a la Antártida es probablemente la última reserva marina salvaje del planeta. El continente de la Antártida está cubierto en un 90% por el hielo, con un espesor medio de 2.300 metros. Más del 95% de su masa terrestre está cubierta permanentemente por hielo o nieve. La tierra y el agua que la rodean proveen de nutrientes esenciales al resto de los océanos del planeta, permitiendo el desarrollo de sistemas de vida a miles de kilómetros del Polo Sur. El ecosistema marino antártico es biológicamente rico y diverso. El plancton microscópico es la base de la cadena trófica y es, a su vez, comido por bancos de pequeños crustáceos como gambas (krill) y un amplio grupo de peces. El krill sirve a su vez, de alimento para pingüinos y otras aves, focas y leones marinos, e incluso para muchas de las grandes ballenas. De las 20.000 especies conocidas de peces en todo el mundo, sólo 120 viven en el Océano Austral. Durante los pasados 40 millones de años, se han adaptado a las bajas temperaturas mediante el desarrollo de un componente especial “anti- congelante” en sus fluidos corporales. Los peces antárticos son especialmente vulnerables a la sobrepesca, ya que la mayoría de las especies tardan muchos años en alcanzar la madurez sexual y son muy longevos. Como sobre muchas de las especies que viven en aguas profundas, se conoce muy poco sobre el bacalao de profundidad (también llamado nototenia negra o Patagonian Toothfish). Crece lentamente hasta alcanzar un tamaño superior a los dos metros, puede vivir 50 años y no se reproduce hasta tener al menos 10 años. Vive en aguas profundas (de 300 a 3.500 metros) y puede encontrarse sobre montes marinos y la plataforma continental que rodea a la mayoría de las islas sub-antárticas. Los científicos todavía no han decidido si las poblaciones de bacalao de profundidad están en peligro. Las grandes poblaciones dispersas son particularmente vulnerables a la pesca comercial, que sólo tiene como objetivo las concentraciones de peces, creando una falsa idea de abundancia de la especie. Cuando las capturas comiencen a declinar, será demasiado tarde para prevenir una catástrofe. Desgraciadamente, la mayoría de la información generada sobre el bacalao de profundidad del Océano Austral proviene de operaciones comerciales. Por consiguiente, los datos continúan siendo parciales y se encuentran en el límite de constituir una evaluación independiente sobre la abundancia de esta especie. Aves de la Antártida en el Océano Austral Las especies de aves de esta región están altamente adaptadas a la vida marina; sólo van a tierra -o al hielo- a criar y alimentar a sus crías. Durante la estación de cría, millones de “pingüinos de Adelie” (Pygoscelis adeliae) y pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) -que suman casi el 85% de la biomasa de las aves de la Antártida- forman ruidosas colonias en playas y zonas interiores. Entre los tipos de aves presentes cabe destacar a varias especies de petreles - grupo caracterizado por tener una narina en forma de tubo en la parte superior del pico-. Los petreles gigantes (Macronectes giganteus) se alimentan principalmente de carroña, buscando polluelos muertos en las colonias de pingüinos o alimentándose en las ocasionales guarderías de focas. Otras especies, como el petrel antártico (Thalassoica antarctica) y el paiño de Wilson (Oceanites oceanicus) se alimentan fundamentalmente de plancton, pequeños peces y krill. La mayor de las especies, el albatros viajero (Diomedea exulans), con una envergadura de mas de 3.5 metros, emplea la mayor parte de su tiempo siguiendo las térmicas oceánicas, y sólo regresa a tierra para criar. Estos grandes viajeros oceánicos, vuelan miles de kilómetros en busca de comida. Una vez que abandonan el nido, pasan entre cinco y ocho años en el mar, alimentándose de peces “comerciales”. De las 24 especies de albatros, 19 viven en el Océano Austral, y todas ellas están amenazadas. Dos de ellas, en peligro de extinción. Desde diciembre de 1997, 18 especies de albatros han pasado a formar parte del Acta Australiana de Protección de Especies Amenazadas. La pesca con palangre está forzando el declive de los albatros. La biología de estas aves complica su difícil situación, al ser criaturas muy longevas que se emparejan de por vida y que no alcanzan la edad de cría hasta cumplir al menos diez años de edad. Dependiendo de las especies, tienen un solo polluelo cada 1 a 3 años, que es atendido por ambos progenitores al menos durante 9 meses. Las tasas de supervivencia de los adultos deben aumentar para asegurar la supervivencia de las crías y estabilizar así las poblaciones. Si uno de los adultos muere, es mas que probable que también lo haga la cría. El productivo ecosistema marino también sostiene un amplio rango de mamíferos marinos -focas y ballenas-, a un nivel tan grande como en la región Artica. Sólo la población de focas cangrejeras (Lobodon carcinophagus) cuenta con más de la mitad de la población mundial de focas, con una población estimada de 12 millones. Otras especies comedoras de pescado incluyen a las focas de Weddell (Lemonychotes weddelli), focas de Ross (Ommatophoca rossii), elefantes marinos meridionales (Miroung aleonina) - los machos adultos pueden llegar a pesar mas de 2.200 kilos – y el predador foca leopardo (Hydrurga leptonyx) que se alimenta de pingüinos y jóvenes focas (aunque también come pescado y krill). Las reinas de los mares del sur, las grandes ballenas, están ahora
formalmente protegidas de la caza comercial, pero su número no aumenta
comparado con años pasados. Muchas de las grandes especies, la ballena
azul (Balaenoptera musculus), el rorcual común (Balaenoptera physalus)
y la yubarta (Megaptera novaeangliae), se alimentan filtrando plancton
desde la superficie del mar, usando laminas filtradoras (ballenas) suspendidas
en sus mandíbulas superiores. Otras especies, como los cachalotes (Physeter
catodon), se alimentan principalmente de calamares mientras que las
orcas (Urcinus orca), de menor tamaño, frecuentemente se alimentan de
focas y pingüinos.
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