![]() [homepage]
|
||
|
| ¡SALVEN EL SANTUARIO BALLENERO! Desde fines del siglo diecinueve, la mayor parte de las poblaciones de ballenas del mundo ha sido diezmada por la caza comercial. A pesar de la moratoria impuesta por la comunidad internacional en 1986, las ballenas aún están bajo amenaza, ya que varios países, con sus industrias balleneras, siguen ejerciendo presión para que se reanude la caza comercial. Una medida eficaz para ampliar la protección a las ballenas es la creación de santua-rios, áreas en las cuales la caza esté prohibida por tiempo indeterminado y donde se estimulen la investigación no letal y la conservación. El Santuario Ballenero Austral (SBA), establecido en 1994 por la Comisión Ballenera Internacional (el organismo multinacional responsable de la conservación y el manejo de las poblaciones de ballenas de todo el planeta), abarca todos los mares que rodean la Antártida, protegiendo en sus áreas de alimentación a las tres cuartas partes de las ballenas del mundo. El SBA brinda protección a las mermadas poblaciones de ballenas azules, sei, de aleta y jorobadas, así como a la única gran población que no ha sido gravemente reducida por la caza: la de las ballenas minke antárticas. En la actualidad se planea la creación de otros santuarios complementarios del SBA, que pondrán bajo protección las áreas de apareamiento y cría y las rutas de migración, con lo cual las ballenas de la Antártida estarán protegidas durante todo su ciclo vital. Sin embargo, los sectores que defienden la caza de la ballena están intentando debilitar el esfuerzo de protección; tratan de que se elimine el Santuario Ballenero Austral y se bloquee la creación de otros santuarios. La industria ballenera de Japón y los organismos del gobierno de ese país que apoyan la caza han sido particularmente activos en esas gestiones. Cada año, con el pretexto de la “cacería científica”, Japón da muerte a cientos de ballenas en el SBA. La caza que los japoneses llaman “científica” es una farsa, que se utiliza para man-tener la viabilidad de la industria ballenera (la carne de las ballenas muertas es comercializada) y no aporta ninguna información que la Comisión Ballenera Internacional necesite para manejar las poblaciones. Al llegar al consumidor, la carne de ballena obtenida por los japoneses genera unas ganancias anuales de cien millones de dólares para los cazadores, los intermediarios y los vendedores al público. Por ello, hablar de “cacería científica” es una ofensa y un desprestigio para la ciencia y la comunidad científica. La CBI aprobó la creación del Santuario Ballenero Austral por 23 votos contra uno, imposibilitando para siempre la reanudación de la caza comercial legal en los mares antárticos. A pesar de ello, mediante la “cacería científica” los japoneses se las arreglan para poner cada año en su mercado doméstico 2000 toneladas de carne de ballena. Con la fachada que sea, la caza comercial de la ballena en la Antártida es un desafío a las leyes internacionales. Según la Convención de las Naciones Unidas para la Ley del Mar (UNCLOS), los estados deben trabajar en pro de la conservación, manejo y estudio de los cetáceos a través de los organismos internacionales correspondientes. La Comisión Ballenera Internacional es el organismo internacional apropiado para tales fines, que todos los años aprueba una resolución instando a Japón a detener su programa de caza ballenera en el SBA. Pero todos los años Japón ignora las resoluciones y continúa matando ballenas. En el umbral del nuevo milenio, es tiempo para relegar la caza ballenera al basurero de la historia de las prácticas de explotación destructiva, que tanto daño causaron al planeta durante los últimos mil años. |
|